sábado, 22 de mayo de 2010

Esa vida..

Es que no quería darse cuenta que ya empezaban a terminar los días de primavera. Y triste se lamentaba, sin darse cuenta, por perder la poca vida que le podía quedar.

Camina alrededor de una silla donde cómodamente hace meses el aire se había instalado, al igual que en sus sillones y en su cama. Luego entra a un pequeño salón donde algunos personajes le hablan de historias de cronopios y de famas, otros relatan cuentos de vida en Praga, algunos comentan las historias de luchadores y revolucionarios, y hasta un par que le muestran el mundo en versión papel.

De papel son los ladrillos que lo aturden al entrar a la habitación y con egoísmo cubren las paredes sin dejar lugar para ilustraciones.

Las ilustraciones ocupan otro lugar en su casa, pero ya no las mira porque aburrido está de ellas.

Aburrido y a colores se sienta en su sillón y acaricia al aire acomodado. Prende la tele. Apaga la tele. Mira su celular con ansiedad y lo deja en una mesa que sostiene hojas en blanco. Va a la cocina, la heladera vacía parece hacerle burla cada vez que la abre, mira por la ventana y el cielo gris le ordena no salir de su casa.

Decide quedarse ahí, como todos los días, solo... esperando que sucedan cosas maravillosas, convencido de conocer el mundo, convencido de que escribir lindo perdona la mediocridad, convencido de que llegará el día en que su vida cambie, convencido de que no terminará la primavera.

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