domingo, 27 de junio de 2010

Un groso

Los primeros dos párrafos de La Ruleta Rusa, en el excelente libro de crónicas "Larga Distancia" de Martín Caparrós. Una vez más, para sacarse el sombrero, si se tiene, o bien, aplaudir de pie.

La canción se hizo muy popular en aquellos días de octubre, cuando el mundo estaba a punto de ser como en algunos himnos. Las banderas rojas tremolaban al viento de la historia y la canción decía que "Nuestro tren vuela hacia el mañana,/ la parada está en el comunismo./ No habrá otro camino,/ nuestros fusiles nos respaldan." Después, setenta años después, la canción viró en chiste.
Resulta que cuando los soviéticos se pusieron a construir el famoso tren, las vías no alcanzaban para llegar al mañana. Entonces Lenin convocó a todos los camaradas y los llamó en un vibrante discurso a trabajar con entusiasmo revolucionarios, pero las vías siguieron sin alcanzar. Después vino Stalin que, al ver que el tren no avanzaba suficiente, hizo fusilar al maquinista, al jefe de estación, a su primo segundo y a todos los pasajeros, y los puso de durmientes. No funcionó. Entonces vino Jruschov, que dijo que había que avanzar en poco el tren, sacar las vías de atrás, ponerlas adelante y moverlo otro poco, pero no resultó. Después Brezhnev decidió que la solución era tapar las ventanillas y que todos se metieran en los vagones y gritaran chucuchú-chucuchú. Y, finalmente, llegó Gorbachov y todos se bajaron del tren y empezaron a gritar "No hay vías, no hay vías"

No hay comentarios:

Publicar un comentario